Media página antes de ir a dormir
Todo listo para ir a dormir. Ya me quiero ir a acostar. Pero quiero terminar esta página para no quedarme a medias. Pero no deseo llenarla con palabras sin rumbo, sino con algo hermoso, bien trenzado. Con un mensaje valioso. Algo que perdure por mucho tiempo.
Tengo esta oportunidad única de estar frente a esta página a la que cada vez le queda menos espacio. Se va llenando mientras yo me vacío. Dejo salir las migas sueltas de pensamientos y dudas que giran por ahí, hasta quedar limpio y sin nada más que decir. Listo para dormir, alegre y cansado. Porque el día se fue y lo hizo bien. Y yo también.
Vaciaré todo sobre el papel, y mi cabeza quedará limpia, impecable, como un ajito recién pelado: sin polvo, sin remordimientos. Fresca, alegre, un poco cansada por la labor paciente de derramar palabras una tras otra, aunque entre todas no formen aún un sentido claro. Como un rompecabezas mal armado: todas las piezas están ahí, pero desordenadas. Al menos ya salieron de la caja y reposan sobre la mesa, y eso basta por ahora.
Porque poco a poco, una pieza y otra encontrarán su sitio. Tal vez algún día encaje la última, y entonces pediré un deseo. Y nacerá un nuevo rompecabezas, para seguir jugando, para seguir hallando las cosas nuevas y las viejas que flotan por ahí. Y que, al final, reunidas, me cuentan algo digno de ser recordado. Algo digno de mi media página. Y de mi presente.